Entre tú
rayo de luz y yo, sólo hay un deseo, un deseo lleno de inefables pétalos, desatentas olas, piedras de colores, tiernos acantilados, aromas de fruta madura, orillas desesperadas, de cálidos abrazos....
Recuerdos, ¿evocación tal vez?, atisbo mi corazón desmesurado, aquel beso sin apoyo, ansioso en
la mejilla, diminuto, pero sonoro como un vendaval.
Coloco
relicarios en el altar de tu imagen, prendida en un vórtice mi alma se vela, custodia tú rostro, relegando el llanto que va mojando el vidrio de mis ojos. Taciturnos sollozos, desconsolados rompen la armadura de mi cordura.
Quiero que
vuelvas, como la flor en primavera, que descuelgues mi pasión, como
una enredadera, por la barahúnda de mis sentidos, y a mi sueño
fiel importunes con tus besos.
Mi corazón
atado por tiernos collares, torbellinos de deseo, quebrantando mi boca sedienta, irreductible sentimiento que atormentas la morada de mi alcoba.
Obstinada mi
insistencia, brota rígida como una espada, donde tus besos el metal
marchita, para no volver mi pesar eterno, y avariciosamente, te persigo
por todos los rincones de mi lecho, en busca de tu aliento
embotellado.
Esta pena no
cesa, ni se agota, y tomo de tí aquella caricia, aun enmarcada en la
pupila de mis ojos, obstinada, en mi mente brota la insistencia,
habitándome como una espada en un corazón burlado.
Transcurren
mil estaciones, repletas de impares lunas, y el ansia en mi garganta
se vuelve inacabable, persigo tu brisa, como única huella que en mí
principia y en tí termina, ¡que martirio de verde primavera!
En mi mundo
giratorio, tú eres mi sol estático, inagotable, imperecedero, pero al mismo tiempo esfímero, y bogo atada a tus
ardientes rayos, en el caos de este arrebato, un coloquio de pena abraza mi alma olvidada, el destino decide,¡
miserable destino! esposas de espinas que desmiembran tu ausencia.
Como una
fiera hambrienta, grama mi alma, injuriada por el peso de tus manos,
ausentes, y las mías gastadas fatalmente, por no gozar de tu
consuelo. La vorágine de anhelar tú esencia, tú espiritu, tú memoria, tu ánima.
El amor cae
en mí estrangulándome, como una cadena de ausentes besos, por
clemencia sigo viva, y drena mi corazón la sangre de mi sustento.
Busco el
alivio malherido, en la expresión callada del recuerdo, en la pureza
eterna, obstinación pecadora, amor devoto, inapelable figura en mi
mundo de amargura, eterna soledad que desordena mi espíritu.
Ante la
aurora veo tu mano, surge pura al amanecer de los vespertinos
cielos, que devuelven mi mente a la cordura, para recordarme un día
más, que no te volveré a ver.
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